Las startups tecnológicas fundadas por argentinos en otros países de América levantaron mayores inversiones de riesgo que las iniciativas encaradas por sus pares dentro de nuestras fronteras. Al menos, en el primer bimestre.
La tendencia ya se había manifestado en la segunda parte del año pasado. Pero esta predisposición del mercado parece haberse acentuado debido a que los inversionistas ajustaron sus criterios y ahora piden más tracción para seguir apostando. Entonces, no es que las startups se vean impedidas de recaudar suficiente capital, sino que les está llevando mucho más tiempo.
De hecho, dos biotecnológicas, dos fintechs y una plataforma de inteligencia artificial con sedes en nuestro país vienen postergando los anuncios de rondas de inversión que estaban prácticamente cerradas, según pudo saber Pymes.
“La caída en la inversión llevó a los fondos a adoptar una postura más conservadora y enfocarse en startups con modelos de negocio sostenibles y caminos claros hacia la rentabilidad, en lugar de apostar por crecimiento desmedido”, explicó Leandro Pisaroni, socio del fondo Kalei Ventures, con el que invirtió en Belo, Wibond y Moova.
“Se empezaron a mirar bien los fundamentals. Las métricas son las de siempre: ingresos recurrentes mensuales o anuales (MRR o ARR), tasas de crecimiento, márgenes, costo de adquisición de clientes versus valor de tiempo de vida (CAC versus LTV ). Pero ahora se piden en serio”, sonríe.
Este contexto tal vez explique por qué la principal inversión conseguida por un emprendedor argentino en lo que va del 2025 sea la de N5, una fintech creada en 2017 por Julián Colombo -luego de tres décadas de trayectoria en el sector financiero- que levantó 20 millones de dólares por parte de Alexia Ventures y Scale-Up Ventures. La plataforma tecnológica de la empresa emplea inteligencia artificial para integrar los softwares de gestión de relación con el cliente, procesos de negocio, incentivos y omnicanalidad de entidades como Itaú y Santander.
El 96% del negocio de N5 está fuera de la Argentina, que igual aporta más de la mitad de sus directivos y casi 20% de sus empleados. Sólo en el último año, expandió sus operaciones a Perú, Chile, México y República Dominicana.
“Un banco necesita que la conversación con un cliente pueda empezar en una sucursal y seguir en el teléfono o Internet, sin tener que volver a empezar. También un proceso de otorgamiento de crédito instantáneo y un control de la seguridad de las cuentas. Todo eso lo resuelve con nuestra solución compuesta por 34 módulos independientes pero integrados”, ilustró Colombo.
Con la flamante inyección de fondos buscan, precisamente, acelerar la evolución del área de inteligencia artificial y el desarrollo de soluciones diseñadas con esta tecnología para el sector financiero.
“También planeamos incorporar nuevos talentos en nuestra área de canales y alianzas. El objetivo es fortalecer la red de socios estratégicos y expandir la presencia de N5 en mercados como los países de América latina en los que aún no operamos, lo mismo que en Canadá”, agregó Colombo.
De Colombia para la región
Los también argentinos Alex Robbio y Tomás González Ruiz, quienes habían fundado y vendido en su momento Belatrix Software y AvanTrip, respectivamente, levantaron 3.470.000 dólares para su fintech Glim.

La inversión estuvo liderada por Skandia, una entidad dedicada a gestionar pensiones en Colombia y México, donde opera la startup. También participaron los fondos estadounidenses DCG y ParaFi, los locales MatterScale, Newtopia y Wayra, más un grupo de inversores ángeles.
Glim es una plataforma fintech, impulsada por blockchain, que ayuda a las empresas a mejorar su estrategia de compensación en recursos humanos. Ofrece estructuras salariales fiscalmente eficientes, que optimizan los costos de nómina. Además, hace lo propio con herramientas de bienestar financiero que incluyen billeteras digitales multidivisa, y con programas de compras inteligentes que se extienden a los salarios de los empleados gracias a descuentos corporativos y recompensas de reembolso en criptomonedas.
“El empleado recibe una app conectada al salario, en la cual puede elegir si cobrar en dólares o moneda local, o bien hacerlo durante o a fin de mes de acuerdo con los días ya trabajados, todo en tiempo real”, explicó Robbio.
La iniciativa fue creada en 2022 y tiene la mitad de sus empleados en la Argentina y mitad en Colombia. “Al mismo tiempo, puede destinar fondos para ahorrar, invertir o gastar mediante una tarjeta de débito global. Además, cuenta con un servicio de diagnóstico y una plataforma de educación y acompañamiento financiero”, agregó Robbio.
En un contexto en el cual 44% de los trabajadores de la Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México vive al día, según la reciente encuesta “Global Benefits Attitude” de WTW, Robbio sostiene que el problema no es necesariamente cuánto se gana, sino cómo se administra. Ello explica, según sus palabras, la demanda de Glim.
Por lo pronto, ya usan la plataforma empleados de la tienda online regional para mascotas Laika, la desarrolladora de software colombiana Sofka y la tecnológica Blankfactor, adquirida recientemente por Globant. De acuerdo con su cofundador, el volumen de transacciones anualizado hoy es de US$ 2 millones y crece a un ritmo del 20% mensual, al menos en el último semestre. De ahí que Robbio prevea destinar el reciente desembolso a la comercialización de su producto.
La startup Quix, especializada en capacitación corporativa, también acaba de cerrar una ronda de inversión presemilla por 350.000 dólares. Contó, para ello, con el respaldo del fondo argentino Mr. Pink y el dominicano Venture.Do.
Su equipo fundador está conformado por los argentinos Ignacio Barrea y Julia Insúa y por los colombianos Santiago Gómez y Carlos Alarcón. Todos, con vasta experiencia en el sector, más precisamente como directores de operaciones, de finanzas e inteligencia artificial en las plataformas de edtech Digital House y Platzi.
Creada el año pasado, Quix ofrece una plataforma de capacitación corporativa que emplea inteligencia artificial para generar programas personalizados de entrenamiento en sólo 48 horas. “La plataforma transforma documentos internos, videos y presentaciones en cursos adaptados a las necesidades de cada empresa”, explicó Barrea.
“Quix se enfoca en la capacitación must have y no nice to have. El colaborador aprende lo que necesita para realizar sus tareas, según las definiciones de la organización, sin salir de las plataformas que usa a diario y con la supervisión de un tutor virtual. Esto nos permitió alcanzar tasas de finalización de cursos de hasta un 70%”, remarcó.
Su modelo de software como servicio, por el que las empresas pagan cinco dólares mensuales por empleado, permitió capacitar a cerca de 10.000 trabajadores de Coca-Cola, la inmobiliaria Acrecer o la textil Grupo Crystal el año pasado.
Según Barrea, parte importante de la inversión conseguida se destinará al desarrollo tecnológico y la ampliación del equipo de ingeniería. “Además, se contempla una expansión hacia mercados regionales de gran tamaño, como México”, completó.
Con un pie aquí y otro allá
El cofundador de la startup Kigüi, Mauricio Kremer, apunta a utilizar la inversión de 500.000 dólares que acaba de recaudar consolidar su presencia en los mercados de México, Perú y la Argentina. La ronda fue liderada por el fondo The Yield Lab, junto con otros inversores de los Estados Unidos y Argentina.
Si bien nació en 2021 como una app para consumidores finales que permitía reducir el desperdicio de alimentos por vencimiento en los puntos de venta, Kigüi pivoteó hace seis meses hacia un modelo B2B.
“Encontramos una forma más eficiente de resolver el problema desde la raíz: digitalizando la fecha de vencimiento de los productos empaquetados”, explicó Kreme, cofundador junto con Maximiliano Dicranian. “Con esta información, podemos sugerir acciones para mejorar la rotación de productos y evitar pérdidas”, subrayó.

Con este nuevo modelo de negocio, la startup ya trabaja con clientes como Walmart en México y Cencosud en Perú. El emprendedor puntualizó que “75% de los productos con fecha próxima de caducidad es detectado a tiempo. De ese total, 80% se vende con precios diferenciales. Todo esto reduce más de un 30% la merma”.
ZEV Biotech, a su turno, es una startup de base científico-tecnológica que se dedica desde 2017 al desarrollo, fabricación y comercialización de kits de diagnóstico molecular en humanos.
“Creamos nuestra propia tecnología IRIS, basada en PCR y microarray, que permite realizar diagnósticos de alta complejidad en cualquier laboratorio, hospital e institución de salud. Incluye los reactivos, equipamiento y software de nuestra propiedad”, detalló Maximiliano Irisarri, doctor en Biología y fundador de la firma con sede en la Fundación Argentina de Nanotecnología.
En concreto, su test de trombofilia hereditaria ya fue aprobado por ANMAT y la startup espera facturar 100.000 dólares en 2025, gracias a su comercialización. No obstante, acaba de recibir 600.000 dólares de inversión de un grupo de capital privado, junto con los ya accionistas GridX.
En ese sentido, planea destinar los fondos al desarrollo de nuevos diagnósticos. Por ejemplo, el primero específico para América latina de resistencia antimicrobiana, en conjunto con expertos de la Fundación Invera.
“Es el producto más disruptivo de nuestro portafolio, para ayudar a combatir la amenaza de las infecciones resistentes a antibióticos y antimicrobianos. De hecho, llamó la atención de expertos en Brasil, donde abrimos una subsidiaria y cerramos un acuerdo con la Universidad Federal de San Pablo”, añadió Gilberto Ugalde, CEO e inversor de ZEV.
Como no podría ser de otra manera, prácticamente la única startup con foco en el mercado local (aunque proyección regional) que recibió una inversión de relevancia en el primer bimestre se dedica a ofrecer soluciones para el agro.
Se trata de la biotecnológica Calice, que acaba de cerrar una ronda de inversión con la que se aseguró 1.500.000 dólares. El fondo local Draper Cygnus lideró el desembolso, acompañado por Xperiment Ventures, Air Capital e Innventure, además del australiano GrainCorp Ventures.

Fundada en 2022 por los científicos argentinos Ramiro Olivera, Esteban Hernando y Andrés Rabinovich, junto con el ingeniero Pablo Romero, la startup cuenta con sedes en Buenos Aires y en San Francisco, Estados Unidos.
Allí, se aboca a transformar el agro, al menos en parte, mediante la virtualización de ensayos de campo, con el propósito de acelerar el desarrollo de cultivos y productos biológicos. “Desarrollamos una plataforma de ensayos de campo virtuales, que usa inteligencia artificial y modelado computacional”, indicó Olivera.
La ventaja que promete esta tecnología es la contracción drástica de tiempos y costos.
“En concreto, estimamos que podemos reducir hasta 80% la necesidad de ensayos a campo y hasta 50% los tiempos de desarrollo”, afirmó el emprendedor. Calice dedicó el año pasado a validar dicha capacidad en pruebas de concepto del modelado de cultivos como maíz, cebada, trigo, arroz y soja, en conjunto con empresas de Argentina y multinacionales que el emprendedor prefierió no mencionar.
“Luego de estas validaciones, proyectamos cerrar contratos por 800.000 dólares en 2025, mediante el licenciamiento de la plataforma”, puntualizó Olivera. Los socios de la compañía quieren destinar buena parte del desembolso de 1.500.000 dólares, que acaban de obtener, a la expansión comercial de su oferta en la Argentina, Brasil y los Estados Unidos.
“Nuestro modelo de negocio es global, ya que los ensayos de campo virtuales no tienen barreras geográficas. Nos permiten trabajar con clientes de cualquier parte del mundo, sin depender del contexto económico local”, concluyó su fundador.