sábado, abril 5, 2025
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Putin apuesta al dominio del Mar Ártico y sus rutas navales



Vladimir Putin sostiene que se intensifica la puja geopolítica por el dominio del Mar Ártico, que ha adquirido un nuevo significado por el calentamiento de la atmósfera o “cambio climático”, que torna navegables prácticamente la totalidad de sus carriles, incluso en los meses de invierno, que antes eran clausurados por hielos eternos.

Estas modificaciones se produjeron en los últimos 10 años, y ha sido Vladimir Putin el primero que ha extraído las necesarias consecuencias geopolíticas de estos acontecimientos climáticos.

EE.UU. ha seguido sus pasos instalando la base especial de Pituffik en Groenlandia; y ahora Donald Trump apresura el paso de esta lucidez geopolítica para apoderarse de Groenlandia en su totalidad, que estima esencial para la defensa global norteamericana.

Por eso el vicepresidente J.D. Vance profundizó las razones de la incorporación de Groenlandia al control estadounidense.

Señaló Vance que si EE.UU. no se encarga de la seguridad groenlandesa, ningún otro país puede hacerlo. También agregó que los países europeos han desinvertido en materia de defensa en los últimos 10 años.

En la visión de Trump lo que está en juego no es un choque de argumentos jurídicos, sino el más estricto interés nacional en su fase aguda de sobrevivencia. “Esto -agregó Vance- hace que Groenlandia no esté hoy segura, lo que es para EE.UU. una cuestión vital”.

Trump actúa sobre una doble premisa: el sistema actual es inequívocamente multipolar, y todos los actores actúan en él guiados por el más irrestricto interés nacional.

Ocurre que EE.UU. reivindica una tercera premisa, surgida de la lógica de las cosas como pregonaba el General De Gaulle, y es que la superpotencia norteamericana está destinada a una nueva hegemonía global, porque constituye el eje y núcleo de la nueva revolución tecnológica de la Inteligencia artificial.

El juego del poder, en síntesis, tiene en esta época un componente lúdico, pero también un rasgo ineludible de extrema seriedad, inclusive dotado de ciertos sabores trágicos.

Putin advierte esta situación propia de la época: “Es evidente – dijo en la ciudad polar de Murmansk en Siberia – que EE.UU. continuará su avance sistemático tanto geopolítico como militar en la Región Ártica”. Y por eso se intensifica inexorablemente la puja geopolítica entre las grandes potencias.

Pero agrega Putin, con característica lucidez, que esta acentuación de la lucha geopolítica no significa en modo alguno el surgimiento de una etapa de conflictos y hostilidades sino que, por el contrario, puede abrir paso a una era profundamente cooperativa, ante todo entre Rusia y EE.UU.

De todas maneras, Putin anunció que Rusia aumentará el número de fuerzas militares en la Región Ártica, porque la búsqueda de la cooperación y la paz no implican ingenuo pacifismo, sino todo lo contrario.

El eje de la visión de Putin sobre el dominio del Ártico está constituido por un plan de desarrollo y transporte desplegado desde Siberia hacia el mundo, caracterizada por una línea estratégica unificada y coherente que los lleva a través de los carriles marítimos del Ártico Norte (“Northern Sea Route”) hacia los grandes mercados asiáticos y europeos, ante todo y principalmente los de China, su gran aliada.

La estrategia de Rusia en la Región Ártica presume el dominio de las tecnologías nucleares de avanzada, incluyendo los rompehielos de ese signo y las plantas flotantes y autosuficientes de generación nuclear.

Todo esto acompañado del completo despliegue de las tecnologías espaciales, y de su instrumento civil y militar de los sistemas misilísticos. Ambos – potencia nuclear/misiles – herencia directa del periodo soviético en que el sistema creado por Lenin en 1924 fue un éxito en el aspecto científico y tecnológico, pero un completo fracaso en lo económico y organizativo.

Un ejemplo de lo que es posible en esta nueva etapa del poder ruso liderado por Putin es la creación en Pevek, Norte de Siberia sobre el Ártico, de una gigantesca plataforma nuclear flotante denominada “Akademic Lomonosov”, capaz de abastecer de energía a más de 700.000 personas y sustentar un parque industrial integrado por más de 600 fábricas de última generación tecnológica.

El “Lomonosov” encabeza una flota de 6 plantas nucleares flotantes capaces de proveer de energía a toda la Costa Norte del Ártico; y el objetivo es convertir a Pevek y su sistema de instalaciones nucleares en el eje de la navegación por los Mares Árticos los 12 meses del año; y de esa manera convertir a Siberia y el Ártico en una parte integrante cada vez más pujante del mercado mundial.

Putin se propone aprovechar una ventaja comparativa que reduce en 14 días el transporte de cargas en relación a las rutas tradicionales del Mediterráneo y el Canal de Suez.

Todo esto requiere inversiones por U$S 12.000 millones por año, que pueden proveerlas empresas de Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Qatar.

El despliegue de este extraordinario esfuerzo exige terminar previamente con la Guerra de Ucrania.

La apuesta de Putin es 100% capitalista, y se vuelca completamente a las exigencias del mercado mundial.



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