sábado, julio 13, 2024
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Europa no sabe qué hacer con el premier húngaro Viktor Orban, tras sus provocativos viajes a China y Rusia


Hungría prometió hace semanas que su presidencia semestral del Consejo de la Unión Europea (cuyas competencias son principalmente de dirección de las reuniones ministeriales) se comportaría como un honesto negociador y no intentaría poner sobre la mesa asuntos del gusto de la extrema derecha pero rechazados por la mayor parte de los gobiernos europeos.

Mientras sus diplomáticos van por ahora cumpliendo sus promesas, su jefe de gobierno, el ultranacionalista Viktor Orban, aliado de la francesa Marine Le Pen, del holandés Geert Wilders o del español Santiago Abascal, lleva días arrogándose un papel como representante de la política exterior europea que se sale de todas sus competencias y que los tratados europeos no le otorgan.

Orban viajó a Moscú “en misión de paz” y al día siguiente la Fuerza Aérea rusa bombardeó un hospital oncológico infantil en Kiev. Y fue a Beijing justo cuando arrecia la guerra comercial por los subsidios chinos a sus autos eléctricos que Europa considera ayudas de Estado ilegales porque hacen dumping (vender por debajo de precio de coste para comerse el mercado, como hicieron con los paneles solares). Orban hace declaraciones engañosas que pueden dar a entender que habla en nombre de toda la Unión Europea cuando lo hace sólo en nombre de Hungría.

El escándalo ya es público. Varios jefes de gobierno, el actual ‘canciller europeo’ Josep Borrell y su futura sucesora Kaja Kallas salieron en público a criticar la actitud del húngaro. El enfado con Orban es enorme en Chipre y en su tradicional aliado griego. El húngaro acudió a una cumbre de países turcómanos, reconociendo de facto a la entidad turco-chipriota, un territorio de Chipre ocupado por Turquía desde los años 70 del siglo pasado y que la Unión Europea no reconoce como independiente ni como parte de Turquía, sino como territorio ocupado.

Este miércoles diplomáticos de los otros 26 países se reunieron en Bruselas para estudiar cómo responder porque el malestar es general. Sin una decisión ya sobre la mesa, se estudia cómo se puede bloquear la presidencia húngara del Consejo de la Unión Europea (que debe llegar hasta el próximo 31 de diciembre) o incluso cómo se podría hacer para arrebatársela a los húngaros. Hay cuatro grupos entre los diplomáticos y no hay consenso.

El premier húngaro Viktor Orban y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en Washington. Foto EFEEl premier húngaro Viktor Orban y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, en Washington. Foto EFE

Un primer grupo considera que lo mejor es dejar pasar el tiempo hasta el fin de la presidencia húngara y boicotear en lo posible lo que haga. Por eso el martes, a una reunión sobre asuntos de competitividad en Budapest a la que deberían haber acudido los ministros de Finanzas o Industria de los 27, sólo acudieron siete. El resto de los gobiernos mandó a funcionarios de nivel medio. Esa situación puede repetirse continuamente cuando la presidencia húngara tome velocidad de crucero tras las vacaciones boreales.

Entre los que sí creen que hay que hacer algo contra Orban se estudian tres soluciones, aunque sólo una sería efectiva a largo plazo.

Las alternativas

La primera sería activar el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea, que prevé la suspensión de los derechos de voto del Estado concernido. Se activa sólo en casos graves de violaciones de derechos fundamentales o del Estado de derecho y necesita unanimidad. Es una vía cerrada porque la Eslovaquia de Robert Fico protegería a la Hungría de Viktor Orban.

La segunda, que sería tan lenta que sólo produciría resultados una vez finalizada la presidencia semestral húngara, sería activar un procedimiento de infracción, que sería más fácil de aprobar pero llegaría tarde. Se podría hacer alegando que Hungría actúa usurpando competencias que son del bloque.

La tercera opción sería la más efectiva si se pretende desactivar el juego de Viktor Orban de hacerse pasar por la voz de Europa en el mundo. Consistiría en votar (y aquí sólo hace falta una mayoría cualificada) cambiar la presidencia de Hungría a manos de Bélgica (que tuvo la suya hasta el pasado 30 de junio) o entregársela ya a Polonia (que tomará en principio el relevo el 1 de enero).

Es la única solución viable, pero muchos gobiernos temen que siente un precedente que pueda usarse en el futuro no sólo contra quien viole los tratados europeos como está haciendo Orban sino simplemente por motivos ideológicos. En el pasado hubo presidencias ejercidas por gobiernos con partidos de extrema derecha en su seno y el semestre transcurrió dentro de una relativa normalidad.



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