martes, junio 18, 2024
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las propuestas de Jorge Tartaglione


Al ingresar al consultorio de los Tartaglione, aparece en primer plano un mural que resume el pensamiento de esta familia de médicos: “Empezá hoy a cuidar tu vida. Sé positivo. Reíte. Aprendé a decir que no. No te quedes quieto. Movete. Si no te gusta algo, revolucionate. Elegí lo que le hace bien a tu cuerpo. Trabajá para vivir. Priorizá lo importante”.

Jorge Tartaglione heredó el amor y la pasión por la medicina de su padre: “Vengo de una familia de médicos. Mi papá era médico, mi hermano y mis hijos son médicos. Trabajé con mi padre y mi hermano, y ahora mis hijos trabajan conmigo”.

Durante 32 años transitó los pasillos del Hospital Churruca y llegó a ser jefe del servicio de Prevención Médica y Calidad de Vida. Su labor profesional lo llevó también a participar en actividades a través de la Sociedad Argentina de Cardiología y la Fundación Cardiológica Argentina, que presidió por varios años.

En 1999 dio un nuevo giro cuando decidió ingresar a los medios de comunicación: “Hace más de veinte años empecé a ver que podía trasladar mi acción hacia la comunidad, que aquello que yo hablaba con el paciente en el consultorio, lo podía expandir a muchos más”.

“Practico lo que receto”, cuenta, con tono ameno y una sonrisa que no lo abandonará durante toda la charla con Viva. “Me levanto a las seis menos cuarto, hago gimnasia, cinta, pesas, leo de 7 a 9 de la mañana y después me voy a la radio.”

Jorge Tartaglione es cardiólogo y divulgador de temas de salud. 
Foto German García Adrasti - Archivo ClarínJorge Tartaglione es cardiólogo y divulgador de temas de salud.
Foto German García Adrasti – Archivo Clarín

Tarta, como le dicen sus conocidos, hace varios años se embarcó en el desafío de demostrar que si una persona adopta ciertas rutinas puede mejorar su calidad de vida. De hecho, esa es la base de Pequeños grandes cambios, su nuevo libro, al que define como un manual “lleno de consejos, buenas prácticas y datos útiles”.

Hoy está en un gran momento: acaba de publicar su cuarto libro, conduce Médico de familia todas las tardes por Canal 9, participa en La inmensa minoría en Radio con vos y sigue atendiendo pacientes.

Comer sin mirar la TV baja la tasa de trastornos de alimentación.

-¿Cuántas horas duerme?

-Duermo bien. Soy militante de comer temprano, ceno a las ocho de la noche y después tengo tiempo, si quiero, para ver un poco de tele. Lo mejor que me puede pasar es estar a las nueve y media en la cama, tapado y tranquilo, y saber que tengo ocho horas para dormir.

-¿Usted es cardiólogo y, además, médico de familia?

-Soy médico cardiólogo y mi hija Fiorella también es cardióloga. Pero un día mi hijo Joaquín me dijo: “Voy a ser médico de familia”. En ese momento comprendí lo extraordinaria que es la medicina familiar y generalista. Así surgió Médico de familia, el programa de tevé.

-¿Cómo son las reuniones de los Tartaglione?¿Menú saludable y charlas médicas?

-Tenemos una casa en Baradero y con mi mujer vamos los fines de semana, ella nos baja a tierra. Allá hacemos asado y si están mis hijos a veces me retan: “¡Papá, estás comiendo con mucha sal!”, pero no, no hablamos tanto de medicina.

Pequeños grandes cambios. Libro de Jorge Tartaglione. Editó: Grijalbo.Pequeños grandes cambios. Libro de Jorge Tartaglione. Editó: Grijalbo.

Tartaglione y lo que hay que recuperar

-En el libro hace hincapié en volver a ciertos rituales de antaño, ¿cuáles serían?

-Empiezo el libro con un capítulo sobre la alimentación alrededor de la mesa. Recuerdo que mi papá llegaba del consultorio y lo esperábamos, aunque fuera tarde, para comer todos juntos, sin televisión. Ese ritual se ha perdido. Insisto en que, de a poco, podemos incorporarlo porque la evidencia muestra que comer de esta manera baja la tasa de trastornos de alimentación y también la tasa de obesidad porque se come mejor, se come en casa. También es importante buscar tiempo para pensar en uno mismo y no estar agobiado con todo lo que pasa. Antes se dedicaba mucho más tiempo para pensar en uno.

No comas nunca nada que tu abuela no haya reconocido como comida.

-¿Cómo surge la idea del libro Pequeños grandes cambios?

-Una persona me dijo que el programa de televisión tenía una base que podíamos transmitir en un libro. Hay una nueva medicina que se llama “medicina del estilo de vida” que dice que, si hago pequeñas modificaciones, puedo cambiar mi pronóstico de vida porque todas las enfermedades de este siglo, secundarias al estilo de vida, son causadas por factores como la alimentación, el estrés o la falta de actividad física y descanso. En el libro no incluí nada sobre estrés porque es un tema muy amplio y tampoco sobre dietas, porque no creo en las dietas. Lo que propongo es, por ejemplo, volver a cocinar en casa, comenzar a hacer ese pequeño gran cambio.

-¿Por qué les sugiere a sus lectores que no coman nada que no comería su abuela?

-A mi abuela le hablabas de disacárido, polisacárido y te decía: “¿Qué es eso?”. Comé en casa, hacete unos fideos, amasá. Elegí cosas que vienen de la tierra. No comas nunca nada que tu abuela no haya reconocido como comida y comé todo lo que se pudra porque no tiene químicos, es sano, fresco y natural.

-El libro es una obra coral con un solista destacado, ¿lo pensó así?

-El coro tiene que estar. Soy un conductor de coro y aprendo del coro. En el programa de tevé, espero que lleguen la psicóloga Analía Carril, Fabricio Ballarini, Nora Bär o Rodo Reich porque quiero saber qué me van a decir y de qué manera me puedo meter en el tema. Estoy encantado de que mis hijos, Joaquín y Fiorella Tartaglione, trabajen conmigo y también mi yerno. En el libro tuve colaboradores buenísimos, como Fernando Rojas, profesor de actividad física, Analía Carril, que trabajó en mis servicios del Hospital Churruca, Franco Chiarabini, especialista en huertas y mis hijos, que comunican muy bien.

-Desde hace algunos años usted habla sobre la revolución saludable, ¿ya comenzó?

-La revolución saludable es un concepto divino porque es contagioso: si vos te cuidás se cuida el de al lado. Hay una gran revolución senior porque en la Argentina crece la población mayor de 65 años y disminuye la población de menores de 15. La gente de más de 80 es la que hizo la revolución senior, la revolución saludable. Es decir, no sé si voy a vivir 20 días, 20 años, 30 años, lo que sé es que quiero vivirlos muy bien. Quiero morirme lo más sano y lo más tarde posible.

-Cuando llega a su consultorio un paciente agobiado por la economía, la realidad, ¿cómo lo ayuda?

-Primero, lo escucho. Le digo que no tiene que autocastigarse, que se hable a sí mismo con cariño porque hay cosas que no están en sus manos. Trato de ver cómo se puede ocupar de sí mismo, dedicarse más tiempo, hacer pequeñas cosas que le gusten, estar con sus afectos. Uno necesita siempre un mapa de ruta, a veces es difícil encontrarlo, entonces es necesario pensar, sin agobiarse, cuáles son los objetivos. Creo que todos buscamos estar en paz, encontrar la alegría perdida.



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